Científicos descubren por qué algunas personas odian el queso

Antes, nos conformábamos con decir que la gente que odia el queso era “rara”, pero un nuevo estudio demuestra que estas personas podrían tener una excusa neurológica.

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10 noviembre 2016, 4:00pm

Sándwiches tostados con queso cheddar derretido y espeso. Una plancha de gorgonzola untado sobre galletas. Cantidades generosas de parmesano sobre cualquier cosa.

Para la mayoría de la gente, el queso es casi como una droga. Pero hay algunos que sienten náuseas con la sola mención del "queso de cabra" o tienen convulsiones con el más ligero aroma a Brie.

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Antes, nos conformábamos con decir que la gente que odia el queso era "rara", pero un nuevo estudio demuestra que estas personas podrían tener una excusa neurológica para despreciar uno de los alimentos más deliciosos del planeta.

Publicado hace un par de semanas en el diario Frontiers in Human Neuroscience, el estudio conjunto entre el Centre de Recherche en Neuroscience de Lyon y el Institut de Biologie Paris-Seine analizó la función cerebral de 30 personas, entre ellas había tanto personas con gusto por el queso, como personas que no lo soportan.

Solo los franceses pudieron crear un estudio titulado The Neural Bases of Disgust for Cheese (Las bases neuronales de la aversión por el queso) para intentar comprender por qué a alguien no le gustaría el queso, básicamente su alimento nacional.

Los investigadores descubrieron que cuando a los participantes les mostraban imágenes y aromas de distintas variedades de queso, (azul, cheddar, de cabra, gruyére, parmesano y tomme) el "globo pálido", una estructura cerebral que se activa cuando estamos hambrientos, permanecía completamente inactiva. En cambio, el globo pálido mostraba actividad cuando se les mostraron imágenes y aromas de otros alimentos como pepino, hinojo, paté, cacahuates y pizza.

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Sorprendentemente, el estudio francés demostró que el globo pálido y la sustancia negra —partes del cerebro usualmente estimuladas cuando algo te encanta— estaban más activas en quienes sentían aversión al queso. Los investigadores dicen que esto podría probar que el circuito de recompensa tiene un propósito dual, relacionado tanto con el comportamiento repulsivo como con el comportamiento motivacional.

Así que, si no te sientes muy atraído por las tablas de queso, no te sientas mal. Puedes echarle la culpa a tu globo pálido por ser tan activo (o lo qué eso signifique).