Yucatán se libera de Monsanto

Los apicultores de Yucatán finalmente ha logrado deshacerse de los cultivos transgénicos. Ahora tiene un nuevo obstáculo: el gobierno federal.

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ene. 24 2017, 8:00pm

Photo via Flickr user Thangaraj Kumaravel

Una parte de México finalmente ha logrado deshacerse de los cultivos modificados genéticamente gracias a miles de personas que alzaron la voz para protestar por una tierra libre de transgénicos, con el objetivo de fortalecer las comunidades mayas y sobre todo: salvar la apicultura de Yucatán. Ahora tienen un nuevo obstáculo: el gobierno federal.

Probablemente ya nadaste en las hermosas playas y cenotes de la península de Yucatán, pero no en los dorados ríos de su espesa y dulce miel; si no lo has hecho es porque no existen, sin embrago con la cantidad de miel que este estado produce, 700 toneladas anualmente, sería posible.

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De hecho, esta región es la principal productora de miel en México y exporta el 98 por ciento de su producción a la Unión Europea; y cumple con las normas de productos orgánicos de países como Estados Unidos, Japón y China.

Considerando que es la zona apícola de mayor prestigio a nivel nacional e internacional —de la cual dependen unas 200,000 familias de origen maya— sería una desgracia que una práctica tan histórica y tradicional se viera afectada de manera permanente por pesticidas de empresas transnacionales. Sí, hablamos del gigante de la biotecnología: Monsanto, compañía que, por fortuna, no ha logrado acaparar los campos yucatecos.

Después de un estudio realizado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las profesoras e investigadoras Maricarmen Quirasco Baruch y Amanda Gálvez Mariscal demostraron que las abejas de Yucatán polinizan también los campos de soya transgénica contaminando sus colmenas, y por consecuencia, la calidad de su miel.

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No obstante, los daños al medio ambiente, a la apicultura o a las familias que provocaría el uso excesivo de plaguicidas, en 2012 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) dio permiso para cultivar soya genéticamente modificada en 253,500 hectáreas en siete estados de la República Mexicana, entre ellos Yucatán.

En medio de las disputas por los permisos concedidos a Monsanto, la lucha de la sociedad civil, campesinos, productores, apicultores, organizaciones no gubernamentales y comunidades indígenas de Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, dieron resultado. El 26 de enero de 2016, el gobierno de Yucatán emitió el decreto 418, en el cual declaró un zona libre de cultivos agrícolas transgénicos y un territorio en transición hacia la producción orgánica y agroecológica.

El gobernador Rolando Zapata Bello establece que es necesario tener precaución ante "el daño grave e irreversible a la actividad apícola, ya que es injusto para las futuras generaciones, y atenta contra los derechos humanos de los productores mayas milperos o apicultores".

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Con estudios científicos en la mano, los pobladores de la región maya han demostrado que la siembra de soya transgénica no es compatible con sus actividades apícolas, además de que puede ocasionar graves daños a la biodiversidad y la actividad económica, según el Secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (SEDUMA) de Yucatán, Eduardo Batllori. Tristemente nada parecen ser suficiente para el gobierno de Enrique Peña Nieto, que en diciembre de 2016 pidió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) anular el decreto que impide la siembra de productos genéticamente modificados en Yucatán.

Por ahora, la petición del gobierno federal no ha logrado tumbar a la sociedad yucateca, pero debemos estar atentos, pues el paraíso del Caribe mexicano da mucho al país, tanto por su riqueza natural como tradicional y étnica, y es responsabilidad de todos cuidarlo.