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Esta tienda deli quiere ser el McDonald’s de la comida saludable en México

Sarah del Moral

Amati Deli, en la Ciudad de México, es parte de la nueva comida rápida: saludable, económica, fácil de conseguir y lista para comer.

Ah, la comida rápida. Tan amada por nuestro corazón y tan odiada por los nutriólogos y los anticapitalistas, ha estado en los grandes momentos de nuestras vidas: desde una tarde de domingo con flojera hasta el cumpleaños de un amigo. Sin embargo, siempre la hemos visto como enemiga de la salud. Una Big Mac de 600 calorías y carne de dudosa procedencia, un burrito de frijoles con "queso" en el OXXO a las 2 de la mañana, una pizza congelada, un wrap "saludable" que tiene las mismas calorías que una pizza entera… todas son comidas rápidas repletas de veneno: grasas saturadas, químicos, carbohidratos, sodio; y por eso fast food es casi sinónimo de "comida sucia del tipo por-Dios-no-la-comas".

Sin embargo, la comida rápida tiene una ventaja enorme: es rápida. Vaya, es conveniente, es fácil de conseguir; y en un mundo que va cada día más aprisa la comida lista para comer es nuestra mejor aliada. (¿O, no? Sé sincero.)

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Fotos cortesía de Amati Deli.

Los Millennials queremos rapidez, lo inmediato. Pero también nos interesa comer bien y alimentarnos sanamente; así que buscamos comida rápida pero saludable, de calidad, accesible a nuestros bolsillos y, obviamente, placentera al gusto. ¿Se puede tener todo?

Sí, es posible. Dentro de la revolución de alimentación del 2016 han surgido nuevos conceptos de comida rápida limpia y gourmet. En la Ciudad de México está recién abierto Amati Deli, "el McDonald's de la comida saludable", como lo llaman sus dueños, los jóvenes franceses Jeremy Schiano y Sebastian Roucher.

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"Para comer bien no hay lugares buenos y baratos que no sean fondas, ¿sabes? O sea, un restaurante bien, barato y saludable en mi zona...no, no ubico ninguno", me dice un abogado en Polanco. Entre tantos puestos de banqueta, garnachas, franquicias gringas de comida rápida que invaden el país y un sueldo que hay que administrar con mucha inteligencia; formar hábitos saludables se convierte en un verdadero reto difícil de cumplir —o al menos no tan sencillo como las "eficientes" campañas gubernamentales intentan hacerlo ver—.

"Tenemos nuestra meta clara: queremos ser el McDonald's de la comida saludable", dice Jeremy. "Buscamos expandirnos como una cadena de fast food porque tenemos el sentimiento que cada cliente sale con una experiencia más nueva y sana, sale con algo mejor para él mismo".

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Jeremy y Sebastian emprendieron su propuesta gastronómica con el fin de ofrecer comida saludable, fresca, sabrosa y barata lista para comer. Es decir: el sueño de cualquier oficinista citadino que se preocupa por la salud de su cuerpo y de sus finanzas.

No estamos hablando de una barra carísima de ensaladas en la que cada rebanada extra de jamón de pavo cuesta $20 pesos; tampoco se trata de un restaurante más de la Roma que, bajo la bandera de "orgánico" y "vegano", te vende todo a precio de primer mundo. Amati ofrece menús completos desde $59 pesos —lo que cuesta una comida corrida de fonda—, que incluye un platillo completo a base de cereales, verduras y proteínas, agua de frutas frescas o infusiones endulzadas con miel de agave y postres —galletas caseras, merengues, mousses, pays y hasta crême brulée, la estrella de la casa—. Son 30 platillos diferentes, algunos propuestos por la demanda del cliente, y las recetas cambian a diario bajo la supervisión del chef Emmanuel Prieto.

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Según Amati, 'comida sana' es la que se hace con ingredientes locales y frescos, e incluye un poco de todos los grupos de alimentos en proporciones adecuadas y porciones moderadas. El 75 por ciento de sus insumos son orgánicos, aunque no lo anuncian con bombo y platillo. Todo está empaquetado porque la idea es que sea comida lista para comer y transportable; pero todos los empaques son biodegradables, desde los popotes hasta las servilletas.

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"La idea es abrir lugares más chiquitos en los que solo haya refrigeradores y barra de jugos. La cocina y la producción será centralizada y la distribución funcionará bajo la logística de una cadena de fast food", me explica Jeremy. "Lo que me gusta de esa industria [la de comida rápida] es que es buena en su oferta de precios y procesos de venta. El problema es que sus productos no son buenos para la salud ni [para] el medio ambiente".

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Cuando Jeremy y Sebastian hablan de su deseo por cambiar los malos hábitos alimenticios de los capitalinos mexicanos se refieren a eliminar los excesos de azúcar, de grasas y de carne de mala calidad. "No es que la carne sea un producto no sano, pero para que sea buena para la salud tiene que ser de buena calidad, con cuidados y alimentación [del ganado] correcta y además debe comerse en porciones normales", me dice Sebastian. "No queremos castigar el consumo de carne, más bien queremos promover lo que no se consume suficiente, como verduras, leguminosas. Hemos visto que la oferta de carne acá [en la Ciudad de México] ya está cubierta; pero faltan opciones más sanas".

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Es importante que los negocios de comida se estén ajustando a las necesidades alimenticias de la sociedad mexicana, aunque parece que ésta no está lo suficientemente alarmada de vivir en un entorno obesogénico. Por eso, este tipo de estrategias alimentarias y comerciales son tan necesarias. El 70 por ciento de los adultos mexicanos padece sobrepeso u obesidad, generando un problema de salud pública que puede costar hasta $12,500 millones de dólares para 2017 y, pongámonos serios, el tema de la diabetes está cada vez peor: cada año se realizan 75 mil amputaciones a causa de esta enfermedad y mueren 80 mil mexicanos cada año. Así que, ya deberíamos pensar dos veces antes de abrir una lata de refresco.

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Tampoco hay que condenarnos; el haber recorrido los puestos de tortas y quesadillas, dejando algunas manchas de grasa en la camisa, no nos hace pecadores. La comida callejera y las fondas son un tesoro de México que disfrutaremos siempre, pero cambiar a opciones más saludables también representa un placer gastronómico. Visto así, nuestra dieta puede evolucionar para bien sin hacernos sufrir —ni a nuestras carteras—.

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"No creo que estemos rompiendo con alguna tradición o la forma de comer en México", dice Sebastian. "Más bien nos estamos adaptando a una nueva tendencia y una demanda que está creciendo muchísimo. Proponemos una alternativa de lo que hoy en día las personas ya están buscando".

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Este artículo fue originalmente publicado en mayo del 2016.