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La torta cubana no llegó nadando a México

Aunque no queda claro su origen, lo que sí sabemos es que es uno de los grandes inventos de la comida callejera mexicana.

En el interior de mi bolsa de estraza viene envuelta a manera de regalo una telera. Sobre el aguacate, untado en el migajón, está bien acomodada la pierna de cerdo, el jamón, la salchicha, el lomo, la milanesa, el quesillo, el queso Chihuahua y el queso amarillo un poco derretido. El pan está doradito y la torta, calientita —es regla que el tortero debe calentarla en el comal antes de que cambie de manos—; y como acompañamiento tiene chilitos en vinagre, lajas de cebolla cruda, jitomate fresco en rebanadas, mayonesa, crema y un poco de mostaza, pa' que amarre el buche.

Ésta es la torta cubana, una mezcla de todos los ingredientes que puede tener el tortero en el interior de su nave —una tortería parece una nave en el interior de las calles, ¿apoco no?—. Todas las calorías, proteínas y carbohidratos necesarios para aguantar todo un día de trabajo en un solo manjar, que por costumbre se come de pie y se acompaña con jugo de naranja o una Coca-Cola.

Una de las dudas urbanas que pocos han resuelto es: por qué la torta cubana se llama cubana. En Cuba ni siquiera hay tortas, al menos no como las comemos en México, así que de Cuba tiene tanto como de ligera y saludable —con todas esas carnes procesadas resulta una bomba cancerígena a punto de explotar en nuestras entrañas—.

Con la duda revolotenado, indagué.
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De la isla caribeña no es, eso es seguro. Aunque lleve su nombre tatuada en el migajón, es un invento mexicano.

En una visita a la Texcocana, don Juan, (tortero de toda la vida), me contó que un día quiso resolver el misterio preguntándole a unos clientes cubanos si encontraban algo de Cuba en la torta. "Negaron tener conexión", me dijo don Juan sin descuidar las de bacalao y paté que estaba preparando, "es como el caso de los cacahuates japoneses. Son algo de acá".

A toda comida le queremos encontrar un origen, y éste suele estar envuelto en leyendas. Encontrar la verdadera historia puede ser tan difícil como resolver el acertijo de qué fue primero: el huevo o la gallina.

Algunos torteros coinciden con la teoría de que los de Tortas don Polo fueron los ingeniosos que la inventaron en 1954. Ellos aseguran que fue su fundador, don Polo, quien tuvo la brillante idea de juntar todos los ingredientes de la tortería entre dos mitades de telera. Bueno, sus tortas en la Del Valle están buenas, pero hay mucho por investigar sobre la génesis de la Cubana.

El investigador mexicano —y amante de la comida— José Luis Curiel tiene otra teoría. "Este primo-hermano de la bocata y del sándwich tuvo por primera vez el nombre de "torta cubana" en un recetario publicado tres años antes de la Revolución Cubana", me contó. "Esa descripción remite a una especie de hot cakes. De hecho, en el México Virreinal, "torta" se refería al ámbito de la repostería, a un bizcocho".

Curiel recuerda que hay otra historia que cuenta que a finales del siglo XIX y principios del XX en la calle de Cuba, en el Centro Histórico, se ofrecían tortas "rellenas de todo" para satisfacer el paladar barroco del mexicano. Así empezaron a llamarse "tortas cubanas", en referencia a la calle donde estaban. Esta teoría se respalda por algunos bloggers, que aseguran que el puesto original de las tortas cubanas ya no existe, y que la fama de este puesto fue tal que en Fidel Castro llegó a ir.

También está quien reduce todo al albur mexicano. El chef Luis Sordo le dijo a Publímetro que "el nombre de las tortas cubanas está relacionada en cómo los mexicanos perciben a las mujeres de dicha isla tropical, es decir, grandes, esplendorosas y de buen ver y eso, lo trasladan al paladar", habrá a quien le guste más esta historia.

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La última historia que circula actualmente cuenta que cuando Fidel Castro estuvo viviendo en México, planeando su revuelta, pedía en Café La Habana una telera rellena con los ingredientes que ya sabemos que lleva la torta. (Tal vez ya había conocido la "torta de todo" de la calle Cuba en el Centro, quién sabe).

Aunque ninguna teoría tiene justificación sólida, una cosa es segura: la torta cubana es fiel prueba del ingenio tortero que no deja de sorprendernos. Ahora nos podemos comer a la Trevi, a la Ninel o simplemente regresar a la clásica de jamón, la del chavo.