Esta es la razón de por qué da hambre la borrachera

Según un centro de investigación en Londres, tú no tienes la culpa de acabar tus noches de fiesta siempre en una taquería, ni de amanecer oliendo a cebolla y cilantro.

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12 enero 2017, 12:00am

Foto via Flickr Ludhi85 via Flickr

Pocos deseos son tan predominantes como el que te obliga a buscar comida después de pasar una noche bebiendo con amigos. El drunchies, si quieres llamarlo así. No importa cuántas veces te digas a tí mismo que irás a casa saliendo del bar y solo tomarás una pastilla de paracetamol con bastante agua, siempre te encuentras frente al refrigerador, cuchara en mano, para escarbar los restos de espagueti y preguntarte dónde escondiste ese chocolate para emergencias. O peor para tu figura, pero mucho mejor para tus papilas gustativas embriagadas, vas por unos tacos a la esquina y pides una gringa con extra de queso. Ah, y unos frijoles de la olla y orden de cebollitas asadas para acompañar.

Pues según un nuevo estudio del centro de investigación Francis Crick Institute en Londres, tu antojo por la comida después de beber podría deberse a un mecanismo neurológico.

¿Ves? No es tu culpa que siempre acabes en una taquería cuando estás alcoholizado. Es tu cerebro.

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Publicado hace un par de días en el diario Nature Communications, el estudio observó cómo los investigadores inyectaron a un grupo de ratones una cantidad de alcohol equivalente a "un fin de semana alcohólico" de tres semanas, una cantidad aproximada a casi dos botellas de vino, o bien seis u ocho tarros de cerveza (casi 4 lts). Al segundo grupo de ratones no se le administró alcohol.

No resulta sorprendente que los ratones alcoholizados comieran más que sus compañeros sobrios.

Si bien tales atracones de comida inducidos por el alcohol habían sido previamente relacionados con la pérdida de la conciencia respecto al consumo de alimentos, también llamado "efecto aperitivo", los investigadores del Francis Crick afirman que existe un factor biológico que juega un papel importante en este fenómeno.

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Según el estudio, el alcohol estimula las neuronas cerebrales "AgRP", las cuales controlan el hambre y se encuentran tanto en ratones como en humanos. Cuando estas neuronas son estimuladas, provocan una pronta necesidad de comer demás, "incluso si no hay escasez de energía".

Los autores explican que: "Si experimentas un consumo elevado de alcohol, obtendrás, como consecuencias del efecto del alcohol en tu cerebro, un consumo de alimentos elevado también". Añaden que cuando las neuronas AgRP que promueven el hambre fueron desactivadas en algunos ratones, el impulso embriagado de comer se detuvo.

Gary Wittert de la Escuela de Medicina de la Universidad Adelaide no estuvo involucrado en el estudio, pero discutió este fenómeno en ABC. Explicó: "El alcohol está activo en el cerebro en un grupo de células nerviosas ubicadas en una zona cerebral que regula el consumo de alimentos y estas células nerviosas generan una proteína llamada proteína r-agouti, por lo tanto son neuronas AgRP. Y cuando estas neuronas generan la proteína, regulan el consumo de alimentos y el alcohol modula el efecto de estas neuronas para aumentar dicho consumo".

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Si bien la investigación del Francis Crick es interesante en su enfoque respecto a la relación entre beber y comer demasiado, otros expertos han señalado las limitaciones que presentan esta clase de experimentos con ratones. Scott Sternson del Instituto Médico Howard Hughes en Nueva York comentó a Scientific American que comparado a los ratones, el comportamiento humano es más complejo y que los factores sociales y ambientales también podrían afectar qué tanto comemos después de beber.

Aunque era lindo echarle la culpa al cerebro, parece que tus horribles antojos de comer un kilo de suadero a las 3 AM tendrán que seguir sin explicación durante más tiempo.