Así es el Oktoberfest argentino

Aunque Argentina es conocida como la tierra del tango, la carne de res, y el malbec, pocos saben acerca de la polca, la salchicha, y la tradición de elaboración de cerveza en Villa General Belgrano.

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15 octubre 2015, 12:00pm

El país más meridional de América Latina esconde muchos secretos. Aunque Argentina es normalmente conocida como la tierra del tango, la carne de res, y el malbec, pocos saben acerca de la polca, la salchicha, y la tradición de elaboración de cerveza que domina un pequeño enclave llamado Villa General Belgrano.

Este pueblo de tan solo 6 mil habitantes atrae a 30 mil juerguistas entusiastas cada año para el Oktoberfest de Argentina, que cuenta con su propio sabor alemán distintivo.

Villa General Belgrano, a pesar de su nombre en honor a una figura histórica argentina, es uno de los pocos pueblos de habla alemana que abarcan Argentina. Los inmigrantes llegaron de Suiza, Austria y Alemania, y encontraron un atractivo hogareño idílico en los exuberantes bosques verdes que cubren la tierra y en las pequeñas, pero imponentes, montañas con vista al valle, donde está situado el pueblo a orillas de un río cristalino.

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Viejo Munich bottles Botellas del Viejo Munich.
Beer Queen and consorts La reina de la cerveza y sus discípulos.

La Segunda Guerra Mundial cambió la dinámica de todo el mundo, incluyendo la de este pueblo. En la década de 1940, el general Juan Domingo Perón, de la tradición de Evita, llegó al poder, trayendo consigo ideas fascistas. Aunque exteriormente Argentina condenó a Alemania junto con la comunidad internacional por las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial, un aparato secreto fue puesto en marcha para ayudar a los criminales nazis a escapar la persecución al permitirles esconderse en Argentina.

Una vez en el país, emigraron, naturalmente, a las comunidades de habla alemana preexistentes, y muchos de ellos se congregaron alrededor de la Villa General Belgrano. Eso incluye a los tripulantes del U-530, el misterioso submarino que se rindió en 1945 en la costa de Argentina y que, se rumora, transportaba al mismo Hitler al paraíso nazi en el que este país sudamericano se había convertido.

El pueblo ha logrado mantener el lado más pintoresco de su patrimonio a lo largo de los años, como su tradición de elaboración de cervezas y tiendas que venden chocolates artesanales, embutidos y todo tipo de productos adobados, a la vez que se esfuerzan por arrojar los vestigios de un pasado decididamente oscuro por medio de una buena dosis de cambio de marca.

El alemán ya no es el idioma principal que se habla en la zona; el español ha tenido prioridad. Oktoberfest es el nombre oficial del festival de 11 días, pero los maestros de ceremonias que llevan a cabo las fiestas en el escenario principal se refieren a ella como "una celebración de la herencia europea central para toda la familia" o "fiesta del orgullo multicultural".

Sin duda ha logrado eso. No es raro ver a los asistentes del festival pasar con un atuendo tirolés, con un mate en la mano: un respiro del flujo interminable de cerveza. No hay mejor ejemplo de esto último que la espiche tradicional, la apertura de los barriles. Un barril de cerveza se lleva al escenario y se agita de un lado a otro mientras los maestros de ceremonias irritan a las personas. Los asistentes se acercan al escenario, tarros en la mano, mientras se le entrega a los espicheros (o invitados de honor) una estaca y un mazo para abrir una grieta en el barril hasta que arroje la cerveza dorada. Un chorro de cerveza brota y empapa a la multitud, que con entusiasmo celebra el espiche al brindar con sus vecinos con sus tarros ya parcialmente llenos.

El pueblo está haciendo todo lo posible por avanzar hacia el futuro, pero hay otras tradiciones que no han cambiado con el tiempo. Un vistazo rápido al Museo del Bicentenario me hizo ver que la selección anual de una "Reina de la Cerveza" es una tradición que han mantenido desde la primera celebración de Oktoberfest hace 52 años. La ganadora de este año fue Lucía Verónica Aliaga, de 18 años de edad, apenas mayor de edad para beber en Argentina. Sus funciones incluyen supervisar todos los espiche, participar en el desfile diario de Oktoberfest, caminar por la calle principal vestida de gala, mientras la acompañan sus damas, y al parecer, agitar un tarro de cerveza vacío durante cada aparición en el escenario.

Willy Weimer

Willy Weimer.

Cuando la Reina de la Cerveza electa no estaba acaparando el escenario, innumerables músicos y grupos de baile eran los responsables de entretener a las masas borrachas y bañadas en cerveza. La polca cargada de bajos fue, sin duda, el tema dominante durante el primer fin de semana, pero la mejor sorpresa fue, sin duda, la Polkarock Orquesta de Willy Weimer. Los estilos musicales de la banda formada por solo hombres vestidos con pantalones de cuero hizo que todos bailaran con sus canciones pegadizas, canto tirolés y letras bilingües en alemán y español. Fue en la parte de baile del programa en el que la llamada "herencia multicultural" que los organizadores del festival querían celebrar realmente brilló: desde bailarines irlandeses e intérpretes italianos de tarantela, hasta eventos de mazurka polacos y bailarines españoles de flamenco; todos representando su variada ascendencia europea, algo de lo que los argentinos están particularmente orgullosos, mientras una multitud predominantemente vestida en tirolés los ovacionaba.

Chocolate Queen
Sin embargo, el multiculturalismo tiene sus límites, y esos se marcaron en la comida y la bebida. La salchichas dominaron los puestos de comida, y el sauerkraut (localmente conocido como chucrut) era el relleno obligatorio. En realidad, todo el sauerkraut probado por el temerario equipo de escritores y fotógrafos reveló un hecho extraño: bolitas de pimienta negra entera estaban escondidas en el local desauerkraut. Brochetas rebosantes de carne, verduras y frutas se alinearon en muchos de estos puestos. Una combinación clásica era la carne de cerdo, ciruela, durazno, y cebolla, así como pimiento rojo y verde. Las salchichas envueltas en tocino eran una vista deliciosamente sacrílega para la vista. Una vez afuera del apropiadamente llamado Beer Park, donde los principales festejos tuvieron lugar, el pintoresco pueblo tipo alpino de Villa General Belgrano todavía ofrecía bastantes cervecerías y restaurantes.
Wurst

Salchicha y Chucrut.

El kassler y el goulash son los reyes aquí. La carne de venado y cerdo definitivamente toman la delantera en esta pequeña ciudad en un país gobernado por la carne de res. Nuestro mesero en una cervecería y restaurante local, Viejo Munich, celebra nuestra selección de salchicha para el almuerzo con una guarnición de sauerkraut ygoulash de venado, luego nos pregunta de dónde somos. Cuando mencionamos Estados Unidos nos informó que casi nacía en Nueva Jersey. Con eso despertó nuestro interés y le pedimos más detalles. "Mis padres se casaron y se mudaron a Nueva Jersey. Allá tenían unos amigos que eran pareja, y que ya eran ciudadanos estadounidenses. Habían decidido que las parejas se divorciarían, y los estadounidenses se casarían con mis padres, les darían la ciudadanía, se divorciarían, y las parejas originales se volverían a casar. Pero justo antes de hacerlo mi madre se dio cuenta que estaba embarazada de tres meses conmigo, y tuvieron que parar los planes y regresar aquí". Prácticamente, obstaculizó el sueño americano de sus padres.

La ciudad estaba repleta de personajes interesantes. Como periodista seria, tuve que probar la mayor cantidad de cervezas que me fuera posible y entrevistar a los brewmeisters que se escondían detrás. El dúo valiente asumió el reto y visitó casi todos los stands, y aquí están nuestros favoritos:

Cassaro

Cassaro.
Interlaken Interlaken

Cassaro Chopp fue la primera en nuestro recorrido y la única cervecería que no tenía absolutamente ningún rastro de tradición cervecera alemana. Adolfo Cassaro era el rostro detrás de la marca, nos entregó un tarro y nos llevó a probar todas las variedades. Aunque reconoció no tener absolutamente ningún secreto de familia cervecera pasado de generación en generación, Adolfo mencionó que los Cassaros han estado trabajando en la industria durante los últimos 30 años: primero vendiendo cerveza de barril y, diez años más tarde, comenzó a fabricar sus propias cervezas. Sin duda fue un éxito infalible: Hoy, Cassaro Chopp es la mayor fábrica de cerveza artesanal, después de haber conseguido aumentar el volumen, pero mantener la calidad. Producen un estimado de 1 millón de litros de cerveza al año y trabajan con alrededor de 150 distribuidores vendiendo sus muchas variedades: strong red ale, pilsen premium, stout ale, red lager, golden ale, y nuestra favorita, green lager (una cerveza afrutada y refrescante infundida con cáscara de naranja).

Interlaken fue la siguiente, con Marcelo Oviedo recibiéndonos calurosamente mientras nos presentaba sus seis cervezas, entre las que disfrutamos la IPA, la cream stout y la cerveza de trigo. La familia de Marcelo también ha estado en el negocio por un largo tiempo, para ser más exactos, alrededor de medio siglo. Comenzaron fabricando tarros de cerámica para cerveza e hicieron el cambio a cerveza en 2007. Empezaron la operación con un pequeño lote de tan solo 3 mil litros por año. Hoy, ese número está en 70 mil. Nos pidió que no lo juzgáramos por su traje tirolés. "Soy un gran fan del hard rock", dijo. Era obvio que tenía un buen corazón. Dentro de su puesto, hizo un poco de espacio para su buen amigo Roman Gross y su fábrica de cerveza, Berlín.

En comparación con el franco Marcelo, Roman era un brewemeister más reservado, pero no con pocas historias. Una tormenta azotó la zona el verano pasado e inundó completamente su cervecería. Toda su maquinaria se arruinó y todavía está recuperándose de la pérdida, un duro golpe financiero para una microcervecería que nació apenas hace cuatro años. "Por ahora solo estoy vendiendo localmente", explicó, en comparación con otros colegas que están vendiendo por lo menos en toda la provincia, si no es que por todo el país. Aunque habla suave, parecía casi alegre, como si una inundación nunca hubiera ahogado su negocio. En todo caso, tenía la vista en un futuro con esperanza. "Tengo la intención de ampliar mi negocio en el futuro", explicó Roman. "Por ahora, elaboro brew Irish red al igual que Scottish y brow ale. Hago lotes de edición especial de stout, amber ale, y oatmeal stout en botellas numeradas".

Germania

Germania.

Intenté ahondar en su herencia alemana, y me dijo que su abuela, de parte de su papá, era alemana, mientras que sus otros abuelos eran italianos: "Mi bisabuelo se veía justo como Al Capone, tanto que estuvieron a punto de dispararle en Chicago en un caso de identidad equivocada". Sprechen sie Deutsche? le pregunté. "Hemos mantenido aquí las tradiciones alemanas, pero hemos perdido el idioma", explicó. No quedan muchos alemanes en la ciudad; todo lo que queda son sus descendientes. "Con excepción de algunos muy viejos tripulantes del Admiral Graf Spee", de otro barco nazi que llegó a Montevideo. "Tal vez", aclaró: "No estoy seguro de si no han muerto todos. Creo que todavía queda uno vivo".

Germania, nuestra próxima cervecería, se apegó a lo básico y lo hizo bien: solo nos ofrecieron pale ale, una red ale, y una stout en elaboración. Guillermo Suárez, quien estaba a cargo del stand, nos dijo que el próximo año esperaban introducir una cerveza de miel. Sin embargo, el cerebro detrás de la operación es Carlos Seifert, quien viajó a Alemania y aprendió el oficio de su tío alemán, que es dueño de una fábrica de cerveza en el viejo país. Se especializan en las cervezas estilo abadía y sin filtrar. "Simplemente deja que la cerveza repose durante unos segundos", instó Carlos. "Déjala reposar, y te darás cuenta de cómo decanta la levadura. Es así de natural", me dijo.

Otro Mundo

Gonzalo Navarroy su hijo en Otro Mundo.

Llegamos a Otro Mundo y la experiencia le hizo honor a su nombre. Nos acercamos al stand, atraídos por la sesión de fotos del adorable hijo de Gonzalo Navarro, Juan, al que carga su papá mientras su hermana mayor prepara un mate. Gonzalo entró rápidamente en modo profesional mientras seguía jugando con Juan, me contó que la fábrica de cerveza Otro Mundo se ubica en realidad en Salta, en la región septentrional de la Argentina, y que ésta es la primera vez del cervecero en el Oktoberfest. Allí, en el norte, dijo, es donde se puede encontrar el agua más pura. En cuanto a las raíces de Europa Central, explicó que "todos nuestros antepasados huyeron de la Segunda Guerra Mundial, por eso somos Otro Mundo. Por ellos".

Mi siguiente pregunta obligatoria sobre la tradición de la fabricación de cerveza local obtuvo rápidamente la respuesta clásica: "Nuestro patrimonio no radica tanto en elaborar cerveza, sino en beberla". Me promete que el pequeño Juan vivirá a la altura de ese patrimonio, aunque ya es un experto, como lo revela la evidencia fotográfica. Pero entre bromas, admitió sinceramente que Otro Mundo era su trabajo, y que su verdadera pasión es una pequeña cervecería que creó junto con su amigo Maxi Manuelle en la ciudad de Córdoba, llamada Red Lion. Solo preparan 6 mil o 7 mil litros por año, que se vende solo en unos pocos bares que ellos mismos administran, sus principales clientes siguen siendo familia y amigos. Eso es amor por el juego.