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Toutes les photos sont de l'auteur.

Visité los 'petcafés' más exóticos de Seúl

PorSpencer R. Morrisontraducido por Elvira Rosales

En Corea puedes beber café mientras acaricias ovejas, suricatas o capibaras.

Toutes les photos sont de l'auteur.

Desde su nacimiento en Taiwán hace casi 20 años, la euforia de los petcafés se ha propagado como un incendio salvaje por toda Asia hasta llegar a otras partes del mundo; los cafés de gatos ya casi son un lugar común en varios continentes y el año pasado Estados Unidos abrió su primer café de perros.

Pero en Seúl, la experiencia va mucho más allá de los gatos y los perros. Algunos sitios ofrecen la convivencia única con animales exóticos.

El mes pasado me dispuse a visitar tres petcafés de los más inusuales de Seúl. Prometían un cuadro bebiendo café americano y comiendo waffles mientras acariciaba ovejas, mapaches y suricatas. Cuando exploraba la escena de los petcafés, descubrí que algunos sitios tenían animales que ni siquiera había oído nombrar. ¿Qué demonios es un capibara?

Comencé con Thanks Nature Cafe, también conocido como el "café de ovejas". Está ubicado en Hongdae, la zona indie de Seúl, cafeterías extraordinarias y moda innovadora. Por suerte, la sección con ovejas está separada del área de comida, donde sirven café, smoothies, jugos y waffles.

Al igual que la mayoría de petcafés, para convivir con los animales, primero necesitas comprar un permiso específico. Además de las ovejas, los clientes vienen por sus waffles y patbingsu, un postre coreano popular de leche congelada con algunos ingredientes dulces. El patbingsu de Thanks Nature Cafe es un raspado de leche con pasta de frijol rojo, polvo de frijol tostado y frijoles mochi rojos. La leche tiene una textura suave y ligera que la convierte en el mejor antídoto contra el opresivo verano en Corea del Sur.

En cuanto entramos, el barista nos entregó el menú junto con un volante con reglas como "No cargue a los mapaches" y "No toque a los mapaches mientras duermen".

Mi principal preocupación antes de entrar a estos establecimientos son los posibles problemas sanitarios por tener animales paseando por donde preparan y consumen la comida. Me imaginé que la zona externa olería a pipí de oveja, pero el dueño no dejaba de salir a limpiar y desinfectar el lugar. Como resultado, el corral estaba inmaculado y las ovejas parecían recién bañadas, mucho más esponjosas y limpias que las nubes del cielo contaminado de Seúl.

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Tienen su propio corral con un pequeño establo en donde las ovejas duermen y se esconden de los visitantes molestos si así lo desean. Las ovejas, llamadas Anna y Sam, son muy dóciles, se acercan y brincan a cualquier cliente que quiera alimentarlas. Sus balidos suaves son relajantes en comparación con el K-pop que resuena afuera.

Mi siguiente parada fue el "café mapache" Blind Alley. Al principio, parecía el más extraño de todos. Vengo de los suburbios de Nueva Jersey, así que me criaron para pensar que los mapaches eran pestes malévolas que hurgan en tu basura y son portadoras de la rabia, para nada el tipo de animal que quieres cerca cuando vas a comer.

Blind Alley Cafe está ubicado en una zona relativamente tranquila de Seúl, donde hay más petcafés. Después de hablar con algunos baristas y propietarios, entendí porqué se han vuelto tan populares estos cafés en la capital surcoreana.

La población en Seúl es el doble que en Nueva York, la mayoría de los ciudadanos viven en departamentos y muchos no permiten tener animales. La cultura coreana hace énfasis en el trabajo duro y eso significa largas jornadas laborales; los coreanos tienen la tercera semana laboral más larga del mundo, lo cual se traduce en poco tiempo para encargarse de una mascota. Así que, luego de lidiar con el estrés de la ciudad y una semana de 60 horas trabajando, a veces todo lo que quieres es un gelato y acariciar un mapache.

A pesar de que había varias mesas vacías —a diferencia de Thanks Nature Cafe, que estaba lleno—, había un flujo constante de comensales tanto locales como extranjeros. En cuanto entramos, el barista nos entregó el menú junto con un volante con reglas como "No cargue a los mapaches" y "No toque a los mapaches mientras duermen". Me gustaría ver cuando algún cliente levante a los mapaches como si fueran cachorritos inofensivos.

Lo que más me alarmó fue que las reglas también incluían como advertencia que las criaturas podían intentar comer nuestras pertenencias o mordernos, así que "No se alarme y diga 'no' firmemente al mapache".

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"Es bueno saberlo. Quisiera un Oreo Bong Bong y una ensalada de ricotta", le dije al barista.

Además de los mapaches, Blind Alley es famoso por su queso ricotta casero y el gelato. La ensalada está preparada con ricotta fresco, jitomates y pasas. El Oreo 'Bong Bong' es un brownie caliente con galletas Oreo, acompañado con gelato de vainilla casero, salsa de chocolate, caramelo y almendras. Lo revolví hasta que el chocolate y la vainilla parecían el rostro de un mapache.

La sección de animales también está separada del comedor. Estaba nervioso, cuando entré no los veía, así que imaginé que la sabandija malvada me atacaría por la espalda. En realidad, los tres mapaches estaban dormidos. El personal me dio trocitos de calamar seco y los animalitos despertaron uno por uno gracias al fuerte olor. El más interesante y juguetón de ellos era un mapache albino con patas blancas, pequeñas y suaves con las que tomaba su comida.

Como el resto de extranjeros que vi ahí, saltaba cada vez que su garra tocaba mi mano. La habitación con luces tenues tenía paredes de ladrillo y tuberías expuestas por lo que parecía el callejón de alguna ciudad donde —en Jersey— encontrarías una horda de mapaches revolviendo tu basura y bebiendo leche rancia. Los mapaches escalaban las paredes y andaban sobre los tubos.

Los mapaches no son nativos de Corea del Sur, así que los lugareños —ignorando la mala reputación de esta especie en Estados Unidos— solo sonreían y se tomaban selfies a escasos centímetros de los mapaches. Incluso un corgi llegó y comenzó a pelear con uno de ellos. En la habitación aledaña, el café albergaba un capibara, un ser que nunca había visto. Son roedores nativos de Sudamérica, de hecho es el roedor más grande del mundo. Parece una marmota de 70 kilos con cara de conejo y orejas cortas. Beber un americano junto a estas criaturas salvajes me hizo sentir que ya había visto todo lo que la cultura del café tenía para mostrar en Seúl, pero era solo la antesala.

Lo digo por experiencia, la sensación de suricatas rasguñando tu ropa es… extraña.

Finalmente, llegué al tercer y más extraño lugar de mi lista: el Meerkat Cafe. A diferencia de los demás, no había una zona reservada para animales; el café estaba diseñado para que los animales de todo tipo pasearan a sus anchas. La cola manchada de esta animal africano —mezcla de lemur y mangosta— rozó mi cabeza. Detrás de mí, un wallaby, la nueva adquisición del café, golpeaba todas las mesas. Un zorro del ártico corría por las ventanas detrás de mí y comenzó a pelear con el wallaby. Todo mientras, gatos de todo tipo saltaban a las mesas o regazos de todo aquel que quisiera alimentarlos.

Debido a que no cuentan con una zona separada para comer, el café sólo sirve bebidas frías embotelladas como café helado y jugos. Pedí un café helado y esperé en la fila para entrar a la jaula de las suricatas, donde puedes jugar con una docena de ellas durante 10 minutos. A los visitantes se les ofrece una manta y las suricatas, amigables y sociales, se acercan y se sientan en tu regazo.

Lo digo por experiencia, la sensación de suricatas rasguñando tu ropa es… extraña. Al observar a estos animales intentando seguir su instinto animal en un café concurrido, lejos de su tierra natal, tenía que cuestionarme: ¿Serán un hogar ético para cualquier animal estos petcafés? Consulté a la dueña del Meerkat Cafe, Natalie, y le pregunté su opinión sobre el trato de animales en los petcafés en Corea.

"Algunos cafés son malos. No cuidan a los animales. No los limpian y no los alimentan de forma correcta. Sólo les interesa el dinero", dijo Natalie.

"¿Qué los diferencia de los demás?", pregunté.

"Amo a los animales. A veces los llevo a casa. Las suricatas y el zorro ártico fueron mascotas mías antes de abrir este café. Me sentía mal dejándolos solos en casa cuando salía a trabajar, así que inauguré el café para darles más atención".

Parece que la misma historia se repite. Los mapaches de Blind Alley solían ser mascotas de la dueña luego de haberlos rescatado de convertirse en pieles para abrigos, además el capibara lo recibió porque un zoológico iba a cerrar. Aunque las ovejas de Thanks Nature Cafe no fueron mascotas del dueño antes de abrir el café, me dijo que las había criado desde que eran muy jóvenes.

Tomando en cuenta que los cafés de perros y gatos en Seúl han cerrado recientemente por maltrato animal, estos cafés dicen que esperan sobresalir no sólo por los exóticos animalitos, sino también por enfoque de cuidado y protección animal.

Aún así es difícil qué tan humano es para los animales vivir en cautiverio y rodeados de extraños. Pero para algunos la alternativa sería vivir solos en un departamento, abandonados o asesinados por su piel. Y por lo menos sus intenciones parecen sinceras.

"Soy amante de los animales", dijo Natalie, "y sólo quiero compartir mis animales con la gente que los ama tanto como yo".